29 de diciembre de 2011

La tauromaquia y sus tópicos

La tauromaquia y sus tópicos

Hace tiempo a Rosa Díez, sí, la de UpyD, taurófila confesa, le cayó “la del pulpo” por utilizar en un alarde de ingenio chabacano la gracieta de llamar “gallego” a quien pretendía calificar de “tonto”. Y yo, “zoquete” de nacimiento, me siento muy satisfecho ante la reacción de repulsa provocada por su grosera agudeza no sólo en mi tierra, sino también en otras Comunidades, como en Cataluña, la de los “separatistas” en el sentido más peyorativo del término, los que abolieron la tauromaquia no porque les duela el maltrato institucionalizado a un animal, sino, según los taurinos, por afanes independentistas.

Y puestos a seguir con tópicos que inundan esta España, todavía subtitulada en algunas conciencias con guiones del NODO, he de admitir que a mí, nacido y criado a muchos kilómetros de Andalucía, me “vendieron” la imagen de esas tierras del sur, como aquellas donde habitan un buen número de vagos chistosos y marrulleros que viven por y para ir a los toros. Quien tenga dudas sobre la afirmación que consulte con el hijo de la Duquesa de Alba.

Lo cierto es que durante años me lo creí. Yo, el gallego con fama de paleto y de roñoso, supongo que también pensaba que los madrileños eran chulos, los extremeños pordioseros, los asturianos desaseados, los catalanes tacaños, los vascos brutos y los valencianos antipáticos. Pero dejó de ser así en cuanto fui capaz de sacudirme la ignorancia que me hizo admitir como reales lo que no eran más que falacias, el producto de un analfabetismo convertido en instrumento al servicio de un sistema al que aterra que los ciudadanos sean capaces de analizar y de discernir por si mismos.

¿De verdad son casi todos los andaluces taurinos? ¿Es una Comunidad en la que la mayor parte de sus habitantes encuentran arte, cultura y diversión en la tortura de un toro? ¿Es, en definitiva, el malagueño o el gaditano un ser que disfruta con la agonía de otro? ¿Le estimula los sentidos al cordobés o al onubense contemplar cómo se hunde el acero en el cuerpo del animal? ¿Aplauden los almerienses o los granadinos ante la visión de un toro vomitando sangre? ¿Está de acuerdo el jiennense o el sevillano en que se destinen partidas millonarias de dinero público para sufragar un espectáculo de por si deficitario? No, ahora que ya no me creo que el andaluz sea indolente o tramposo, tampoco me trago esas otras patrañas.

Y vayamos con otro aspecto de este mismo tema, con lo que constituye un despropósito examinado desde la razón pero un argumento en manos de los partidarios de la continuidad de las corridas: el culto a la persona y su modelo, cuando les conviene, como patrón de conducta trasladable a toda la Sociedad. ¿Cuántas veces no hemos oído aquello de que Goya o Picasso eran taurinos?, utilizando esos nombres universales para intentar vestir de dignidad la ignominía por la supuesta creencia de que tales personajes eran grandes aficionados a la tauromaquia.

Digo supuesta porque si bien Picasso efectivamente gustaba de la lidia Goya la aborrecía, y este hecho ha sido incluso admitido por taurófilos declarados, en esos arranques de sinceridad que muestran cuando no necesitan recurrir al embuste para convencer. Son instantes en los que hablan entre pares y por lo tanto el engaño está fuera de lugar. Los mismos momentos en los que reconocen que a estos animales se les afeita o menoscaba físicamente antes de salir a la plaza para así garantizar la superioridad del matador, ese cuyo nombre le viene pintiparado, pues por mucho que nos cuenten que es una lucha “de igual a igual”, nadie podría concebir ese sustantivo que conlleva la certidumbre de acabar con la vida de otro aplicado al toro, pero a ninguno nos sorprende en el torero.

Ambos pintores compartían esa fascinación por cuestiones ligadas a la brutalidad, al ensañamiento y a la vileza del hombre. Los fantasmas más tenebrosos que habitan en la mente humana se manifestaron en sus lienzos. Así, otorgaron color y sombras a la tauromaquia como lo hicieron a la guerra, a las ejecuciones o a la antropofagia. ¿Habremos de deducir, por ello, que sentían dilectación por los cuerpos desmembrados tras una explosión, frente al gesto de terror de un prisionero ante un pelotón de fusilamiento o contemplando los trozos sanguinolentos de carne humana desgarrada en las encías de otro hombre? No creo que nadie se atreva a afirmar tal cosa y aún con Picasso seamos cautelosos, pues suya es la frase en la que refiriéndose al Guernica afirmo que “El toro no representa el fascismo, sino la crueldad”.

No juguemos a la divinización de los seres humanos, ni por apoyar nuestras tesis ni por rebatirlas. Por cada nombre de personajes ilustres en alguna disciplina que hallaron placer en el sufrimiento de un toro podemos mencionar otro al que le causaba repulsión. ¿Merece mayor veneración el pensamiento de Picasso, el de Ortega o el de Hemingway, quien por cierto participó también de actividades ligadas al gangsterismo en Chicago, que el de Unamuno, Gandhi, Nelson Mandela, Gregorio Marañón o Ramón y Cajal? Voy más allá: por el hecho de haber destacado en la pintura, la literatura o la filosofía, ¿son estos virtuosos en su materia moralmente superiores a los ciudadanos Manolita García o Pepito Pérez?.

Torturar a un animal es un acto execrable y digno de ser erradicado. Intentar presentar engañosamente a una Comunidad como valedora en masa de tal perversidad es mezquino, y hacer creer que hay individuos dotados de perfección y sabiduría absolutas en todas las facetas de su vida, es alentar la ignorancia y la servidumbre ética. Es llamarnos idiotas.

28 de diciembre de 2011

¿Cuáles son los factores que dificultan o condicionan la viabilidad de una población de lobos?

¿Cuáles son los factores que dificultan o condicionan la viabilidad de una población de lobos?

Parece claro que el factor que condiciona mayoritariamente la dinámica de una población de lobos es la disponibilidad de alimento, por un lado (ya que condiciona densidades y tasas de supervivencia de crías, por ejemplo), y la tasa de mortalidad inducida por el hombre por otro (ver Keith 1983, Fuller 1989 y Fuller et al. 2003).
Ninguno de esos dos factores (disponibilidad de alimento y su efecto sobre la dinámica de la población a través de tasas de supervivencia, por un lado, y las tasas de mortalidad antrópica o total, por otro) son bien conocidos en la Península, ni se han publicado trabajos específicos que traten sobre el tema, por lo que son dos aspectos clave a estudiar en nuestras poblaciones de lobos.
Estudio de los patrones estacionales y temporales en los hábitos alimenticios, disponibilidad de alimento y selección de presa.
La disponibilidad de alimento es el factor que condiciona la densidad y las tasas de supervivencia. En este sentido, aunque se dispone de datos de densidad de presas para algunas zonas del noroeste peninsular, no hay trabajos que hayan analizado o descrito cambios a lo largo del tiempo. Del mismo modo, las bases de datos sobre carga ganadera son deficientes o están sujetas a problemas de actualización y no se conocen o no están disponibles datos sobre mortalidad por tipos de ganado en régimen extensivo.
Sobre los patrones alimenticios de los lobos en algunas zonas del noroccidente peninsular se han publicado algunos trabajos, pero la mayoría de ellos no analizan las variaciones estacionales, ni mucho menos interanuales (ver revisión de trabajos en Fernández-Gil 2004). Llama la atención que diferentes autores no consideren las mismas clases o tipos de alimento en sus trabajos, y la alta presencia de carroña en algunos trabajos y su virtual ausencia de otros (de hecho, algunos ni la consideran). Sin embargo, son conocidos los hábitos carroñeros de los lobos, y de hecho se estima que buena parte de lo que se consigna como daños, o alimento sobre ganado, ha sido consumido como carroña. Podemos concluir que es necesario unificar criterios a la hora de analizar las dietas y hacer comparaciones entre áreas y épocas. Pero ¿cuál es por tanto el patrón, si es que lo hay, a lo largo de la Cordillera Cantábrica en particular? ¿cambian estos patrones a lo largo del tiempo en función de la disponibilidad de alimento, es decir, por cambios en las densidades de las distintas presas? ¿cuáles son los factores, por ejemplo de habitat o de persecución por el hombre, que inciden sobre estos patrones y sus cambios?. Por último, señalar que la mayoría de los trabajos son relativamente antiguos, dando la impresión de que es un aspecto aparentemente poco atractivo para investigadores y gestores  A nuestro entender, sin embargo, es un factor esencial, y su conocimiento debería actualizarse periódicamente, para dar respuesta, por ejemplo, a los eventuales, y también periódicos, episodios de quejas sobre afección a al ganadería. Una sólida base de conocimiento actualizado facilitaría enormemente la respuesta en tales casos.
 
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Mortalidad por causas humanas.
Teniendo en cuenta que la mortalidad parece ser el factor que dirige el declive de cualquier población de lobos y que, en general, las tasas de mortalidad antrópica que soportan las poblaciones sin mostrar serios declives se sitúa en torno al 28% anual (35% de mortalidad total) de la población de otoño (ver Fuller 1989, Fuller et al. 2003), parece necesario abordar de inmediato este aspecto, teniendo en cuenta que existen (Asturias) o van a existir en breve (Galicia y Castilla y León) Planes de Gestión de la especie que fijan elevados números a de lobos a matar anualmente . Las circunstancias de cambios de habitat (alimento, fragmentación) y demográficas (estructura de edad, tasas de dispersión, supervivencia de crías) de cada caso (núcleos o poblaciones) y sus variaciones temporales son decisivas para gestionar adecuadamente las poblaciones y analizar los factores del declive o incremento, si los hubiera. La herramienta más adecuada para conocer tasas de mortalidad es el radiotracking, especialmente porque en un ámbito como el ibérico, donde buena parte de la mortalidad es de origen ilegal, el acceso a este tipo de información es terriblemente difícil. No obstante, una mayor implicación de la administración y de sus servicios de guardería (ya sea dependiente de las consejerías de medio ambiente, medio rural, o del SEPRONA de la guardia civil), es absolutamente imprescindible. Apenas se han tramitado denuncias en décadas, y ninguna ha conllevado aún una sentencia penal. Esperamos que algunos casos recientes, en trámites judiciales en este momento, marquen un punto de inflexión en esta tendencia.
Efectos de las actividades humanas
Los efectos que las actividades humanas tienen sobre la población de lobos, tanto desde un punto de vista demográfico (barreras, mortalidad, fragmentación de habitat y de poblaciones), genético (y sus implicaciones demográficas), como ecológicos (cambios en los patrones alimenticios y de los daños al ganado), apenas han sido tratados en España. Blanco y Cortés (1999) y Blanco et al. (2005) analizan el uso del hábitat por lobos radiomarcados en zonas muy humanizadas en la meseta norte, con presencia importante de infraestructuras de transporte en algunos grupos, y concluyen que los ejemplares cruzan.incluso algunas autopistas, pero la acumulación de barreras en años recientes y venideros, y la necesidad de realizar este tipo de estudios en otros ámbitos del área de distribución de la especie en la Península, y con mayores tamaños de muestra, aseguran que deba profundizarse en este tipo de estudios.
Enfermedades, parásitos, aspectos genéticos
En los últimos años se han publicado algunos trabajos sobre parásitos en lobos ibéricos (Torres et al. 2000, Balmori et al. 2000, Domínguez y de la Torre 2002), y hay ingente bibliografía sobre aspectos fisiológicos y patológicos en la especie (ver revisión de Kreeger 2003) pero su incidencia en la viabilidad de las poblaciones no es bien conocida aunque de momento no parezca tan relevante como los factores reseñados anteriormente. Desde un punto de vista genético, recordamos lo apuntado en el capítulo anterior (ver también Vilá 2002, Wayne y Vilá 2003). 
fuente. www.loboiberico.com

27 de diciembre de 2011

Artículo sobre el número de lobos en España

www.lbboiberico.com

¿HAY TANTOS LOBOS EN ESPAÑA?
Tabla 1. Tamaño de las manadas de lobos en Europa
Región, País
Tamaño medio grupo
Europa boreal
Escandinavia (1994-2004)
6,7 (5)
Escandinavia (2006-2007)
5-5,9 (5)
Finlandia (1994-2004)
7,0 (6)
Finlandia (2006-2007)
5,4 (6)
Bialowiesza, Polonia
4-5,3 (7)
Bialowiesza, Bielorrusia
2.7-3.2 (8)
Cárpatos, Polonia
3,9-5,6 (9)
Eslovaquia
5,7 (10)
Mediterráneo
Alpes, Francia
4,9 (11)
NW Croacia
4-5 (12)
S Croacia
5-7 (12, 13)
C Grecia
2-5 (>3,6) (14)
Golán, Israel
2-7 (15)
S Israel
2-5 (16, 17)
Cansentinesi Forests, Italia
4,2 (18)
Apeninos, Italia
3,7 (19)
España
España (1987-1988)
5-7 (20)
Castilla y León (2000-2001)
8-10 (21)
Ancares lucenses (2006-2007)
8,6 (22)
1
Bibliografía
(1) Echegaray, J., Leonard, J. y Vilà, C. (2008). ¿Está asegurada la conservación del lobo ibérico a largo plazo? Quercus, 256: 14-23.
(2) Blanco, J. C. (2008). ¿Cuántos lobos hay en España? Quercus, 267: 80-81.
(3) Mech, L. D. y Boitani, L. (2003). Wolf social ecology. Pp: 1-34. En: Mech, L. D. y Boitani, L. Wolves. Behaviour, Ecology and Conservation. The University of Chicago Press. 448 pp.
(4) Fuller, T. K., L. D. Mech y J. F. Cochrane (2003). Wolf population dynamics. pp: 161-191. En: L. D. Mech y L. Boitani. Wolves: Behavior, Ecology and Conservation. The University of Chicago Press. 448 pp.
(5) Wabbaken, P., Aronson, A., Stromseth, T. H., Sand, H., Svensson, L. y Kojola, I. (2007). Ulv i Skandinavia. Statusrapport for vinteren 2006-2007. Hogskolen i Hedmark Oppdragsrapport 6. 52 pp.
(6) Ministry of Agriculture and Forestry (2005). Management Plan for the Wolf Population in Finland. Publications of Ministry of Agriculture and Forestry 11b/2005, Helsinki, Finland. 71 pp.
(7) Jedrzejweski. W., Jedrzejweska, B., Okarma, H., Selva, N., Zub, K. y Szymura, L. (2000). Kill rates and predation by wolves on ungulate populations in Bialowieza National Park, Poland. Ecology, 83: 1341-1356.
(8) Okarma, H., Jedrzejewski, W., Schmidt, K., Śnieżko, S., Bunevich, A.N. y Jedrzejewska, B. (1998). Home ranges of wolves in Białowieża Primeval Forest, Poland, compared with other Eurasian populations. Journal of Mammalogy, 79 (3): 842-852.
(9) Smietana, W. y Wajda, J. (1997). Wolf number changes in Bieszczady Nacional Park, Poland. Acta Theriologica, 42: 241-252.
(10) Voskar, J. (1995). The ecology of wolf (Canis lupus) and its share on the formalization and stability of the Carpathian ecosystems in Slovakia. Ochrana prirody, 12: 241-276.
(11) Poulle, M., Lequette, B. y Dahier, T. (1999). The recolonization of the French Alps by the wolf from 1992 to 1998. Le Boulletin Mensuel de l`Office National de la Chasse, 242: 5-13.
(12) Djuro Huber, University of Zagreb, com. pers.
(13) Kusak, J., Skrbins, A. M., y Huber, D. (2005). Home ranges, movements, and activity of wolves (Canis lupus) in the Dalmatian part of Dinarids, Croatia. European Journal of Wildlife Research, 51: 254–262
(14) Yorgos Iliopulos, Callisto Wildlife Society, com. pers.
2
(15) Reichmann, A. y Salz, D. (2005). The Golan Wolves: the dynamics, behavioral ecology and management o fan endangered pest. Israel Journal of Zoology, 51: 87-133.
(16) Hefner, R. y Geffen, E. (1999). Group size and home range of Arabian wolf (Canis lupus) in Israel. Journal of Mammalogy, 80 (2): 611-619.
(17) Eli Geffen, Tel Aviv University, com. pers.
(18) Apollonio, M., Mattioli, L., Scandura, M., Mauri, L., Gazzola, A. y Avanzinelli, E. (2004). Wolves in the Casentinesi Forests: insights for wolf conservation in Italy from a protected area with rich wild prey community. Biological Conservation, 120: 249-260.
(19) Ciucci, P. y Boitani, L. (1999). Nine-year dynamics of a wolf pack in the northern Apennines (Italy). Mammalia, 63: 377-384.
(20) Blanco, J. C., L. Cuesta y S. Reig (eds.) (1990). El lobo (Canis lupus) en España. Situación, problemática y apuntes sobre su ecología. ICONA, Madrid, 118 pp.
(21) Llaneza, L. y Blanco, J. C. (Coord.) (2001). Diagnóstico de las poblaciones de lobo en Castilla y León (2000-2001). Informe inédito. Junta de Castilla y León. 285 pp.
(22) Llaneza, L., Herrador, R., García, V. y Callejo, A. (2007). Seguimiento estival e invernal de lobos en los Ancares lucenses. En: Resúmenes VIII Jornadas de la SECEM (pag. 106). Huelva, 5-8 Diciembre de 2007.
(23) Blanco, J. C. y Cortés, Y. (2003). Ecología, censos, percepción y evolución del lobo en España: análisis de un conflicto. Monografías SECEM. Málaga. 176 pp.
(24) Barrientos, L. M. y Fernández, A. (2002). ¿Cómo estimar el tamaño de grupo en las poblaciones ibéricas de lobos?. En: Seminario Propuestas para el estudio de la dinámica de las poblaciones de lobo en la Península Ibérica. Fuentes de Nava (Palencia), ASCEL. 11 pp.
(25) Barrientos, L. M. (2000). Tamaño y composición de diferentes grupos de lobos en Castilla y León. Galemys, 12: 249-256.
(26) Blanco, J. C. y Cortés, Y. (2007). Dispersal patterns, social structure and mortality of wolves living in agricultural habitat in Spain. Journal of Zoology, 273: 114-124.
(27) Vilà, C. (1993). Aspectos morfológicos y ecológicos del lobo ibérico. Tesis doctoral. 299 pp.
(28) Ordiz, A. y L. Llaneza (2002). Los índices de abundancia basados en la localización de indicios como métodos de estima de abundancia relativa. En: Seminario Propuestas para el estudio de la dinámica de las poblaciones de lobo en la Península Ibérica. Fuentes de Nava (Palencia), 1 y 2 de Noviembre de 2002. Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL).
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(29) Linnell, J., Salvatori, V. y Boitani, L. (2007). Guidelines for population level management plans for large carnivores in Europe. A Large Carnivore Inititative for Europe Report prepared for the European Comission. Final draft Mayo 2007.
(30) Álvares, F., Barroso, I., Blanco, J.C., Correia, J., Cortés, Y., Costa, G., Llaneza, L., Moreira, L., Nascimento, J., Palacios, V., Petrucci-Fonseca, F., Pimenta, V., Roque, S. y Santos, E. (2005). Wolf status and conservation in the Iberian Peninsula. Pp. 66-67. Abstracts of "Frontiers of Wolf Recovery", 1-4 October 2005. International Wolf Center, Colorado Springs, Colorado.
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ARTÍCULO ORIGINAL:
En el turno de réplica que se publica en Quercus 267, de mayo de 2008, Juan Carlos Blanco critica un detalle de nuestro artículo (1). Aunque el objetivo de este trabajo era insistir en la importancia de poblaciones grandes para garantizar la capacidad de adaptación del lobo a los cambios ambientales, Blanco centra su crítica en nuestras aseveraciones sobre el tamaño de grupo empleado en los censos de lobos en España y cómo pueden llevar a una sobreestimación de la población (2). Creemos que los argumentos de Blanco son equivocados.
En primer lugar, Blanco indica que no hay evidencia de que los grupos de lobos que se alimenten de presas pequeñas tengan grupos menores. Para ello cita un estudio de Mech y Boitani (3). Sin embargo, tanto los autores de este estudio como Fuller en otro capítulo del mismo libro (4), y el mismo Blanco (2), indican que las manadas que se alimentan de presas pequeñas tienden a ser menores. Ciertamente la relación entre el tamaño medio de presa y el tamaño de grupo no es lineal, pero una simple observación de los datos compilados por Fuller muestra que los grupos que se alimentan de carroña y presas pequeñas son de un tamaño claramente inferior (3,4-3,6 lobos) a lo estimado para otros grupos (4).
Se podría argumentar que el tamaño de presa es muy variable y que por tanto estas generalizaciones resultan excesivas. Por tanto, compilamos información sobre los tamaños medios de grupo en poblaciones europeas, mucho más cercanas evolutivamente a los lobos ibéricos que las americanas (éstas han estado evolucionando de manera separada al menos desde el final del Pleistoceno). La tabla 1 muestra una recopilación de los tamaños de grupo de lobos de diferentes poblaciones. De forma general, en la Europa boreal el número de lobos por manada (estimado en condiciones ideales –presencia de nieve- y un seguimiento intensivo) oscila entre 5 y 7 lobos, con valores inferiores en el sur del continente. Dadas las características ambientales, esperaríamos que los grupos de lobos en la península Ibérica fuesen de tamaño parecido a los observados en otros países mediterráneos. Sin embargo, los tamaños medios de grupo en invierno son menores que los que Blanco sugiere para España (20, 21, 22). Cabe destacar que los autores de varias de las estimas en la tabla indican que se trata de poblaciones saturadas, y Blanco y Cortés (23) sugieren que esto puede llevar al 5
incremento del tamaño de grupo (este argumento se esgrimió para justificar el tamaño medio durante la última década, ver tabla).
Las estimas para la Europa meridional son parecidas a las obtenidas por Barrientos y Fernández (24), basadas en una metodología repetible y en múltiples observaciones por grupo de 61 manadas diferentes durante el invierno: 3,8 (desviación típica, SD=1,9) y 3,6 (SD=1,3) lobos en la meseta del Duero y la Cordillera Cantábrica, respectivamente, con rangos de 2-10 y 2-9 lobos por grupo. Blanco menciona que estudios previos de Barrientos (25) mostraron tamaños de grupo de 9,33, pero como él bien dice, este es el tamaño medio en verano y no considera la mortalidad anual. La mortalidad media de los cachorros durante su primer verano en ambientes poco humanizados de Norteamérica es del 34% (4). Aunque existen grupos grandes como los descritos por Blanco, el tamaño medio parece ser menor como consecuencia de la mortalidad y fracaso reproductivo (seguimientos de campo, C. Vilà).
Estamos de acuerdo con Blanco en que para cualquier zona de estudio y método resulta difícil asegurar que se han detectado todos los miembros de un grupo, pero este es un problema común a todas las poblaciones del mundo (3). Sin embargo, la información disponible hasta la fecha no nos hace pensar que los lobos ibéricos sean tan diferentes a los del resto de Europa o a los de otras regiones de la cuenca mediterránea como para justificar la asunción de que el tamaño de grupo en invierno es un 40-100% (o más) mayor en España (Tabla 1).
Por otro lado, el número de lobos divagantes o en dispersión que no forman parte de ningún grupo resulta muy difícil de estimar ya que es complicado diferenciar esos lobos de otros que se han separado de un grupo de manera temporal (3, 4). En el trabajo señalado por Blanco esta distinción tampoco está clara (26). Los primeros seguimientos con lobos mediante radiotelemetría realizados en Zamora y León por uno de los autores (C. Vilà) durante la década de los 80 ya mostraron que lobos subadultos podían permanecer durante meses escasamente vinculados al grupo, ausentándose durante periodos de tiempo muy largos (27). Consideramos que no existe información exhaustiva suficiente en la Península como para hacer una estima fiable y nos remitimos a la información publicada para otras poblaciones sobre el porcentaje de individuos solitarios no asociados a grupos, estimado en un 10-15% (4).
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Es obvia la dificultad que representa estimar el tamaño de la población de lobos en la Península cuando lo que se censa suele ser el número de grupos reproductores presentes. Por ello, parece más lógico centrar las estrategias de gestión y conservación de la especie en el número de grupos reproductores, un indicador objetivo e indiscutible científicamente, que ya había sido sugerido con anterioridad (28). En una reunión reciente promovida por la “Large Carnivore Iniciative for Europe (LCIE)” (29), algunos de los expertos asistentes argumentaron que se deben hacer estimas sobre "adultos reproductores", entendidos como tales los que participan en la reproducción (no tanto los que pueden hacerlo). Este número, una aproximación al tamaño de población efectiva, es el que dicta el potencial evolutivo de una especie y la capacidad de adaptación que le permita sobreponerse a cambios ambientales, como se menciona en nuestro artículo (1). En el caso de los lobos ibéricos, estaríamos hablando de 500-650 individuos reproductores, integrados en al menos 254 grupos reproductores (30) (el águila imperial ibérica Aquila adalberti cuenta con 234 parejas reproductoras).
Si se siguen planteando estrategias de gestión basadas en números de individuos (por ejemplo, número de lobos a abatir en una comarca) parece imprescindible basar estas estimas en datos fiables del tamaño de grupo. Es el caso de los cupos de captura establecidos en algunos planes de gestión autonómicos, como el de Castilla y León. Si uno de los objetivos de estos planes de gestión es la conservación a largo plazo, parece necesaria la utilización de estimas conservadoras (a la baja) del tamaño de grupo que no corran el riesgo de sobrestimar el tamaño de población. Por todo ello, parece imprescindible el estudio de las tendencias poblacionales basadas en el número de grupos reproductores, al tiempo que se hace una revisión constante de objetivos alcanzados.
Por último, Blanco se equivoca sobre el contenido y propósito de una carta remitida a la UICN por Jorge Echegaray, en nombre de ASCEL, una ONG independiente y altruista, que lleva desde 1997 trabajando en la conservación y estudio del lobo. En este escrito no se pedía elevar la categoría de amenaza asignada al lobo ibérico, sino que se realizaban una serie de apreciaciones sobre el apartado correspondiente al lobo en la Península al haberse entendido que se basaban en información que carecía de datos rigurosos y empíricos. Estas cuestiones versaban sobre la información relativa al tamaño de grupo en España, la expansión de sus poblaciones, la población de lobos en
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Cataluña y la aplicación de la Directiva 1992/43/CEE en España. Por cierto, ese grupo de expertos coincide con una de las consideraciones efectuadas por Echegaray acerca de que los lobos son “sustancialmente erradicados al sur del Duero en Castilla y León a pesar de la protección que establece la Directiva Hábitats 1992/43/CEE, lo que supone que únicamente los lobos de Portugal y Sierra Morena estén protegidos realmente.” Tanto la carta como la respuesta del grupo de expertos están disponibles para todos los interesados en la página web de ASCEL (http://www.loboiberico.com/).
Autores: Jorge Echegaray (echegaray@loboeuskadi.org) y Carles Vilà (carles.vila@ebd.csic.es) trabajan en genética y biología de la conservación de vertebrados, con especial dedicación al lobo, en la Universidad de Uppsala (Suecia) y la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)
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23 de diciembre de 2011

clasificación de las razas de perros

Existen dos grandes asociaciones a nivel mundial que clasifican las razas de perros:
Cada país se rige por una asociación (aunque también puede tener la suya propia) y cada asociación clasifica y reconoce las distintas razas de perros. Así por ejemplo la AKC reconoce a algo más de un centenar de razas, mientras que la FCI (a la que pertenecen casi todos los paises europeos y latinoamericanos) reconoce más de 350 razas diferentes.
La FCI (considerada como el standard mundial) distingue las razas de perros en 10 grupos:
  • Grupo 1: Perro de pastor y perros boyeros (excepto perros boyeros suizos)
  • Grupo 2: Perros tipo Pinscher y Schnauzer - Molosoides - Perros tipo de montaña y Boyeros suizos y otras razas
  • Grupo 3: Terriers
  • Grupo 4: Teckels
  • Grupo 5: Perros tipo Spitz y tipo primitivo
  • Grupo 6: Perros tipo sabueso, perros de rastro (menos lebreles) y razas semejantes
  • Grupo 7: Perros de muestra
  • Grupo 8: Perros cobradores de caza - Perros levantadores de caza - Perros de agua
  • Grupo 9: Perros de compañía
  • Grupo 10: Lebreles
Cada grupo a su vez se divide en secciones y subsecciones.
La AKC divide las razas en siete grupos:
  • Grupo 1: Sporting group
  • Grupo 2: Hound group
  • Grupo 3: Working group
  • Grupo 4: Terrier group
  • Grupo 5: Toy group
  • Grupo 6: Non-sporting group
  • Grupo 7: Herrding group
Existen otras asociaciones como: UKC (United Kennel Club), CKC (Canadian Kennel Club), ANKC (Australian National Kennel Club), NZKC (New Zealand Kennel Club) ....
Cada una de las asociaciones cinófilas impone unos requisitos para reconocer nuevas razas de perros. Dichos requisitos están relacionados con la uniformidad de los ejemplares y el número de ellos. Una vez reconocida una raza, la asociación realiza el standard de la misma, donde se fijan las principales características: color, pelo, tamaño, proporciones...
Fuente: todoperros.es

22 de diciembre de 2011

Cinco pasos para jugar y enseñarle a tu perro un truco nuevo.

Cinco pasos para jugar y enseñarle a tu perro un truco nuevo.
Paso 1: Juega con tu perro por al menos 5 a 10 minutos antes de intentar enseñarle algo. Esto reafirma tus lazos con tu mascota y la dominación sobre él, ya que con los perros todo se trata de jerarquía. Luego debes hablar a tu mascota y calmarlo un poco y ya estará listo para que empieces a enseñarle algunos trucos a tu mascota.
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Paso 2: Antes de que le des una orden a tu mascota, haz un trato para asegurar que tu perro preste atención y luego muéstrale que tienes más para incentivarlo. Usa tus manos, ya que los perros por naturaleza son muy visuales y la mascota sabe que tus manos le darán el trato, así que mirarán tus manos cuando les trates de enseñar.
Paso 3: Usa comandos específicos con tus manos acompañado de expresiones orales para ayudar a tu perro a entender. En un primer momento tu perro no hará nada mientras tu le haces las señales, eso está bien. Nunca le pegues al perro mientras le estás enseñando, solamente di con voz firme ¡No!. Luego de ello deberás enseñarle al perro que hacer físicamente. Cuando cumpla con el objetivo, felicítalo excesivamente, dale su recompensa y espera una hora para volverle a enseñar lo que tiene que hacer.
Paso 4: Después de tener paciencia enseñándole, tu perro aprenderá el truco. Pero allí no acaba el asunto, espera por lo menos una semana para enseñarle otro truco y pídele los trucos que ya sabe al menos dos veces por día.
Paso 5: Enséñale un nuevo truco y no te olvides que tu mascota te entrega amor sin siquiera pedirte algo a cambio, solamente mucho amor.

21 de diciembre de 2011

A que edad debo adiestrar un perro.


¿A qué edad puedo empezar a adiestrar a mi perro?

Existe la falsa creencia de que a un perro no se le puede enseñar y educar hasta la edad
comprendidas entre los 6 meses y 1 año.

La realidad es mas sencilla y sólo debe de imitarse a la naturaleza y eso significa que a tu perro
debe enseñársele desde que nace.

El perro, como animal social que es, vive en grupo lo cual solamente puede funcionar bien
cuando hay orden y respeto a las normas impuestas por el líder. Y esto ocurre desde que
nacen los perros.

Hasta cumplir los 4 meses son tratados con menos rigidez. Aunque sí es cierto que la madre
sabe dejar las cosas claras cuando hace falta. Un cachorro atrevido recibirá la
correspondiente corrección sin que ella se lo piense dos veces.

Esta madre no está dispuesta a esperar a que sus hijos cumplan 6, 8 ó 12 meses para empezar a explicarles que no pueden hacer todo lo que quieran.

Igualmente, los demás miembros de la manada tampoco pueden permitirse el lujo de esperar mucho tiempo con la educación de los jóvenes. Donde no hay orden no puede haber supervivencia.

Los miembros adultos empiezan a dar un trato serio a los cachorros cuando éstos alcanzan la
edad de 4 meses. A partir de este momento deben medir muy bien sus actos; al no tener
cuidado se arriesgan a recibir una corrección contundente.

Por lo tanto a tu cachorro de perro le parecerá lo más normal que intentes enseñarle.

Se puede enseñar a un cachorro con 7 semanas de vida a obedecer a ciertas palabras con
mucha facilidad. Es un hecho que cuanto más joven, más fácilmente aprende un perro. Incluso un perro que ha sido enseñado de joven, resultará más inteligente de mayor. Tendrá más capacidad para solucionar problemas.

Un perro educado de manera correcta y consciente desde joven tiene otra base, otro punto de
partida que un perro al que no se le enseñó nada.

Recuerda que tu cachorro de perro está continuamente fijándose en el mundo que le rodea, aprendiendo de ti, fijándose en lo que le gusta, viendo como se comporta cada miembro de la familia y que lugar ocupan en la jerarquía, aprendiendo cual es su papel y hasta donde puede llegar.

Así que enséñale, y no lo dejes pasar por pena, comodidad o mala información. Fuente animales mascotas
   

20 de diciembre de 2011

Etología del Beagle.

El Beagle
Breve descripción
Raza pequeña Origen: Inglaterra.
Peso: Entre 10 y 14 Kg aprox.
Altura a la cruz: 33-40 cm.
Color: Por lo general son tricolor (blanco, negro y naranja-marrón), no obstante cualquier color reconocido para los sabuesos, salvo el color hígado es aceptado en el standard de la raza.
Pelaje: El pelo del Beagle es corto y bastante denso, preparado para soportar bajas temperaturas.
Beagle
El Beagle es un perro compacto y robusto. En cuanto a su caracter suelen ser alegres, equilibrados e inteligentes. No muestra agresividad ni timidez ante imprevistos. El Beagle se usa principalmente para cazar liebres, ya que sigue su rastro perfectamente, aunque también sirve en la caza del faisán o la codorniz.
Clasificación
  • Clasificación FCI
    • Grupo 6, Sección 1.3: Perros tipo sabueso de talla pequeña. Gran Bretaña: Beagle (161)
  • Clasificación AKC
    • Grupo 2, Hound Group
Origen
Existen dos teorias sobre el origen del Beagle, una apoya la idea de que ya existian en el siglo III, basandose en relatos escoceses y la otra defiende que fueron introducidos en Inglaterra desde la cuenca mediterranea unos siglos más tarde.
El Beagle alcanzó gran popularidad en tiempos de Isabel I, la cual adoraba la raza por sus cualidades para la caza.
Sabías que:
  • La palabra francesa begueule, que significa algo asi como boca abierta, es probablemente el origen del nombre actual Beagle.
  • La raza es muy popular en Estados Unidos, donde se empezó a usar para la caza del mapache.
  • El Beagle tiene el lamentable record de ser la raza más usada en la experimentación para la preparación de fármacos, cosméticos...
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